jueves, 21 de junio de 2012

Música maestro




La habitación estaba abierta para que las enfermeras del turno de noche tuvieran un mejor control de los pacientes. Habían dos camas, en una de ellas, la que tocaba a la ventana, dormía plácidamente Blademir, un ruso, sin ningún otro idioma que el suyo, al cual un leve ictus le obligaba a estar en observación en aquel hospital provincial. En la cama de al lado se encontraba mi padre, en estado de semiinconsciencia y con graves problemas respiratorios. Su rostro mostraba, sin duda, la lucha que tenía su cuerpo para mantenerse estable.
Era media tarde y el hospital estaba de domingo.
La noche anterior me había sido imposible dormir, debido a las atenciones constantes que necesitaba y mi cuerpo empezaba a notarlo.
De repente, mientras le cogía de la mano para que se calmase, me vino el recuerdo de una noche, hará tres años, que recibí una llamada despertándome con una suave melodía de piano, interpretada por Yaan Tiersen para la banda sonora de Amelie (Comptine d'un autre été, L'aprés midi).
Recuerdo que a las tres de la mañana, esa llamada de un incógnito, me removió por dentro repartiendo todas y cada una de las notas por mi cuerpo, hasta hacerme conmover i apreciar más que nunca aquellos pequeños regalos que recibimos de vez en cuando. Esa ronda que a veces te invita la vida.
Miré la cobertura de mi móvil y vi que tenia señal para buscar la canción por Internet. La encontré y se la puse flojita a mi padre, utilizando mis cascos y evitando que se enredaran con el resto de los cables que tenía en la cara.
Un, dos, tres... Música maestro

Su rostro, 37 años mayor que el mio, me traslado en aquel instante a la noche de la llamada anónima. No sé si me reconoció cuando me miró con esos ojos relajados y dibujando una leve sonrisa. Quizás para él también fuese una melodía regalada de alguien que le quería.