I.Newton
Esas tardes de verano, que se convierten en noches improvisadas. Las botellas de cerveza amontonándose en la mesa. La tapa de bravas, la de boquerones y la que nunca llega porque el camarero estresado no la apuntó. La sonrisa a la mesa de al lado. Las promesas prematuras del próximo año, el desconectar de verdad. Te pillo un cigarro, sí claro, tú mismo. La silla prestada a la gente que acaba de llegar. Las confesiones. El color diferente de la piel, el sabor a sal. Las ideas locas compartidas con los amigos y los no tan conocidos. Las risas. La cuenta.